También se han reportado 260 especies de aves (quetzales, gavilanes, halcones, pavas, palomas, jilgueros, colibríes, pericos, gallinas de monte, tangaras y oropéndolas), 28 de reptiles (lagartijas, basiliscos y culebras como la lora y la bocaracá) e igual número de anfibios (salamandras, ranas y sapos).
Ya en el campo entomológico, son "figuras estelares" las mariposas diurnas, entre ellas la Thysania agripina, la más grande de América.
En lo que respecta a la flora, las especies más características del parque son: el roble, la magnolia, el burío, el ira rosa, el jaúl, la canilla de mula, el papayillo, el quebracho, la sombrilla de pobre, las bromelias, las orquídeas, los musgos y los helechos.
Dentro del parque destaca el sector Macizo Cerro La Muerte, con un extensión de 6 mil 80 hectáreas. Su nombre evoca la lucha colonizadora de centenares costarricenses que perdieron la vida al tratar de atravesarlo, para sembrar la semilla de la civilización en la zona sur del país.
La intrincada topografía del macizo y los altos índices de precipitaciones pluviales que se presentan en la zona, generan la formación de más de 150 ríos. Aquí se debe visitar la Picada de Calderón, declarada Patrimonio Histórico y el refugio Ojo de Agua.
Para llegar al parque hay que tomar los buses que se dirigen a Orosi y Río Macho. Existe una carretera transitable todo el año.
Turrialba, "si volviera a nacer, nacería nuevamente en Turrialba" es el mensaje que se repite en varios afiches y calcomanías que expresan el amor que profesan a su tierra, los habitantes de este hermoso rincón tico, puerta de entrada y salida al Atlántico costarricense.
La ciudad de Turrialba es bendecida por las aguas del río Reventazón, cauce que convierte a las tierras aledañas en excelentes áreas agrícolas, donde crecen con vigor las plantaciones de café, macadamia y caña de azúcar; pero eso no es todo, la persistencia de la lluvia contribuye a la formación de vivificantes bosques primarios.
Al visitar Turrialba, el viajero podrá realizar excursiones fascinantes que lo llevarán, en pocas horas, de los 640 m.s.n.m. a los 3,328 m.s.n.m., altura que se alcanzan en el volcán del mismo nombre, que es parte de un grandioso parque nacional. De más está decir que el paisaje es asombrosamente bello.
Cerca al volcán hay que visitar una serie de pintorescos y simpáticos pueblos ganaderos. En estas localidades del distrito de Santa Cruz de Turrialba, operan 14 plantas productoras de leche y queso.
En agosto se realiza una feria en la que se ofrece a manos llenas el ya famoso queso de Turrialba. Y como en la vida no todo es leche y sus derivados, en esta zona hay que perder el temor, para aventurarse en un kayak y enfrentar los rápidos del río Reventazón. Sin duda, una inenarrable aventura.
De vuelta a la ciudad hay que conocer el
Museo Omar Salazar. Sus salas muestran las formas de vida de los primeros pobladores, además de una excelsa colección de ceramios y piezas líticas, como raspadores, buriles y cuchillos. Se encuentra en la Sede Regional del Atlántico de la Universidad de Costa Rica.
La ciudad de Turrialba (provincia de Cartago) tiene 33 mil habitantes y está localizada a 64 kilómetros al sureste de San José.